Selección Mexicana: exhibidas una generación sin planeación y una convocatoria sin pies ni cabeza.

Por: Marco Sedas.

El recambio generacional era lógico e incluso necesario. México afrontó la primer fecha FIFA tras la Copa del Mundo con un seleccionado integrado prácticamente –salvo alunas excepciones- de futbolistas jóvenes o sin sustancial experiencia defendiendo la camiseta del “Tri”: La convocatoria presentada por el técnico interino Ricardo Ferretti –aunque según la percepción de muchos, fabricada por los directivos de la FMF- obedecía a la inminente pérdida de popularidad del combinado tricolor, propiciada por los fracasos deportivos y los encontronazos con la prensa, la afición y a la indudable necesidad de una imagen renovada, fresca, y esperanzadora.

La convocatoria tricolor estuvo pensada con el hígado y no con la cabeza: buscando desesperadamente recuperar una legitimidad y un prestigio por los suelos, se dirigió el llamado a un puñado de jóvenes con buenas expectativas y actividad medianamente regular en liga, pero abandonados a su suerte y sin el necesario cobijo de futbolistas con mayor personalidad, carácter y experiencia: Roberto Alvarado, Diego Laínez, Jose Abella, Jesús Angulo, Gerardo Arteaga, Víctor Guzmán, Ángel Zaldívar, entre otros, encararon la jornada internacional con la pesada consigna por parte de la prensa nacional y la afición de tratarse de una nueva “generación dorada”. Los resultados eran completamente predecibles, y a decir verdad desalentadores.

Alan Pulido, Raúl Jiménez, Oswaldo Alanís, Edson Álvarez, Jesús Gallardo, Carlos Salcedo y compañía fueron los fragmentos sobrantes de la otrora “Selección A” y quizá no por ser los mejores, si no por tratarse de quienes menos padecieron de la exposición mediática tras el fracaso en el Mundial. Hirving Lozano come aparte, y es un jugador que con base en sus actuaciones se ha ganado la condición de imprescindible.

Aceptémoslo: Javier Hernández, Guillermo Ochoa, Héctor Herrera, Héctor Moreno, Jesús Corona, y demás futbolistas de la llamada “legión europea” son el material más prudente futbolísticamente hablando para enfundarse en la camiseta verde, a pesar de los bajones en nivel y en forma que algunos de ellos puedan presentar.

La intención de la particular lista era justa y comprensible: buscar cederle el paso a una camada de jugadores jóvenes, y demostrar de una vez por todas a las “vacas sagradas” del futbol mexicano que su participación en la selección no es una garantía, , que deben aportar más que su trayectoria y recorrido en el futbol extranjero si desean ser tomados en consideración. Buen ambiente de grupo, autocrítica, manejo y relación positiva con la prensa, humildad y consistencia son algunos de los requisitos que los futbolistas habituales –ya sabemos todos quiénes- no lograron cumplir, y lo cual propició entre muchas otras razones, su temporal ausencia en los planes de Ferretti.

Los juveniles mexicanos enfrentaron dos rivales distintos, en circunstancias contrastantes y con notables diferencias de calidad, sin embargo el resultado fue el mismo, considerando proporcionalmente la complejidad de Uruguay y de Estados Unidos. Una aplastante derrota 1-4 frente a los charrúas y una nueva derrota frente a un alternativo cuadro de las Barras y las Estrellas dejó en evidencia a un equipo bien intencionado, con energía y motivación de darse a mostrar, pero con poca idea futbolística, escaso juego colectivo, y nula capacidad de competir. Los once en el campo frente a Uruguay y Estados Unidos difícilmente volverán a repetirse, al menos ese es la expectativa de un servidor: que se haya tratado de una prueba, un experimento encausado a la observación y contemplación de futuros prospectos para relevar generacionalmente al Tri, y no como una constante en futuras convocatorias y en ser la base para afrontar el largo camino a Catar 2022.

Ofrecer una oportunidad a futbolistas jóvenes es totalmente plausible, e incluso necesario para México. Los prospectos mexicanos demostraron nociones agradables, y uno que otro –Diego Laínez por ejemplo- una madurez y aptitud futbolística remarcable. Esperemos que en un futuro próximo la incursión de estos elementos sea mejor pensada, planeada con mayor certeza, cobijados tanto fuera como dentro de la cancha y en condiciones donde pueda mostrar sus bastas aptitudes sobre la grama con mayor solvencia, sin ser exhibidos como ocurrió en el último par de partidos jugados en suelo norteamericano.

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